El estado del malestar

Se suele utilizar el término de “estado de bienestar” para intentar definir un modelo social para un país en el que los ciudadanos, a pesar de las problemáticas intrínsecas del primer mundo, sepan y puedan convivir dentro de unos mínimos dignos de calidad.
Se trata por tanto de una serie de propuestas y medidas desde el gobierno de un estado para que se establezcan unos parámetros de compromiso y defensa de un sistema para que la población tenga garantizada una situación estable de vida.
En los últimos años, con el gobierno socialista de Zapatero, España ha vivido y escuchado desde Moncloa en infinidad de ocasiones esa expresión. Esa idea siempre principal y prioritaria: Estado de bienestar.
El país ha vivido en estos años socialistas en diferentes estadios socio económicos. Hemos vivido con soltura y también con aprietos. Con crisis y sin ella, pero en todas esas situaciones el gobierno del PSOE siempre ha tenido como prioridad el mantener esa calidad. Esos mínimos que nos saquen de ésta manteniendo la dignidad de las personas.
Cuando había, se creó la Ley de dependencia. Un pilar más de la sociedad hecho por y para las personas. Servicios de calidad reales y directos. Un paso más de un gobierno con unas políticas cien por cien sociales.
Cuando no había se crearon ayudas para los que perdían los subsidios. Para los casos graves. Para no llegar al límite. Para poder vivir. Se pensaba en la gente. Se peleaba con aquellos que querían recortar en lo básico. Asumían la responsabilidad de todo. De lo que no provoca un gobierno y se trabajaba por que no afectara a la gente. Se daba la cara.
Y de ahí pasamos a un gobierno del PP. La gente se agobia. Busca el cambio. Por probar otro gobierno. Así llegamos a un Rajoy en la Moncloa.
Tras una campaña basada en la mentira más absoluta y el aprovechamiento ruín de las calamidades personales de las familias, los populares prometieron un cambio. Volver a crear empleo. A la solvencia económica y sobre todo al no recortes. A la no subida de impuestos. Al trabajar por la gente.
Dicho y no hecho.
Con el gobierno del PP, en unos pocos meses ya tenemos establecido un nuevo sistema para España, el del estado de malestar.
Recortes y privatizaciones a dedo. Sospechosas concesiones a empresas privadas cercanas a los miembros del partido como solución a la crisis. Recortes en educación. Clases más llenas. Peor calidad educativa. Subida de tasas. Subida de impuestos. Más presión. Más agobio. Más multas. Se acabó pensar en la gente.
El gobierno de Rajoy trabaja para ti pegándote palos. Es una nueva fórmula. La de quitarte cosas para que no pierdas. No tiene sentido.
Estamos viviendo momentos difíciles en Europa. En el mundo. Estamos viendo cómo la economía se hunde. Cómo el sistema capitalista pierde fuelle. Y ante esa situación de paro y quiebra nos encontramos con que aquellos que hemos votado para que nos alivien la situación lo que hace es endurecerla.
Nos hacen más pobres. Se pierden las ayudas. Se pierde dinero. Y ante eso, paro.
Y ante eso, miseria. Y ante eso, mentiras de un gobierno.
Ha sido un cambio brusco. Hemos pasado del caminar juntos para salir de esta, a la dictadura del que manda. Los de derechas.
Y lo mejor de todo es que el resultado es completamente opuesto al que esperaban. Todo va a peor. Su fórmula no sirve. No vale. Seguimos cayendo y ahora lo hacemos con más fuerza.
Europa nos mira de reojo y ve cómo el gobierno de Rajoy se burla de la ciudadanía. Cómo la obvia centrándose únicamente en los ricos. Esos a los que no le pide nada.
Y aquí estamos ahora. En esa situación. En ese estado de malestar y crispación donde el gobierno miente. Donde el presidente se calla y no habla. Donde ha vuelto el desprecio y la superioridad. Donde ya no hay cercanía. Aquél lugar donde Aznar mandaba ha regresado.
Estamos en un país donde la alcaldesa de la capital es Ana Botella. Donde Rodrigo Rato nos hunde aún más en la crisis, donde destroza una de las cajas más importantes de España y se va de rositas y con millones de euros bajo el brazo. Estamos en un estado donde se va a decir no a gente en los hospitales. Donde se eliminan ayudas a maltratadas por violencia de género pero se apoya asociaciones pseudo políticas de corte ultra. Un país donde se va a quitar dinero de medicamentos para que los ricos no tengan que pagar más impuestos. Un lugar donde tus hijos tendrán que estudiar mucho más apretados en la clases. Con menos profesores y menos atención. Pero aquí, en España, se capitaliza de urgencia y se da dinero a una caja en quiebra.
España ha pasado de tomarse como ejemplo aún estando en crisis a ser amenazada por Europa. A ser burla de Argentina y Bolivia. Estamos perdiendo calidad a pasos agigantados.
Suelo usar mucho la expresión de “Disfruten lo votado”. Y es que es cierto que ahora se ve dónde nos hemos metido. El problema está es que el gobierno es para todos. Los que votaron al PP, los que no y los que no votaron.
No nos queda otra que aguantar y luchar.
Quede claro algo: No lo vamos a permitir.
España sigue. Seguimos luchando todos. Por sobrevivir. Por trabajar y por buscar trabajo. Y queremos lo nuestro. Lo que nos pertenece. Esos mínimos que nosotros, nuestros padres y abuelos lleva currándose toda una vida.
No van a llegar ahora a desmontar lo que lleva décadas construyéndose.
Hay crisis, sí. No nos podemos permitir el gran estado del bienestar, adelante. Pero el que ni queremos ni nos merecemos es el que imprime el PP. El suyo. El de derechas. El estado del malestar.
Actualizado (Viernes, 11 de Mayo de 2012 18:22)
La iglesia de la vergüenza.

Hace unos días se celebraba la Semana Santa. En Málaga y en toda Andalucía se trata de un fenómeno social más allá de lo religioso. Es un evento cultural y el que más y el que menos mantiene algún tipo de contacto con la fiesta.
El que menos se come unas torrijas en su pueblo y el que más observa y disfruta del arte que mueven las cofradías en la calle.
Va más allá de creencias. Es cultura popular elevada a la máxima expresión en mi tierra.
Conforme pasaban los días, iba reflexionando al respecto de la capacidad del pueblo para modificar o realizar una criba de ideas y pensamientos para poder llegar a disfrutar de muchas cosas que en la raíz de su contenido se encuentra lejos de las creencias propias.
Con la iglesia pasa algo parecido y la prueba evidente se sitúa en la Semana Santa. Andalucía hace unos días daba un puñetazo sobre la mesa. Decía una vez más NO a la derecha. El mensaje fue evidente: Andalucía no es de derechas. Es de izquierdas.
La derrota de Arenas fue dura. De las que duelen porque no esperas el golpe. Y ahora marchamos junto con Cataluña, País Vascos y unos pocos más por una senda que parte de la no aceptación del inmovilismo y el letargo que quiere imponer la derecha en este país.
En ese clima de decir abiertamente que somos de izquierdas, se reproduce la fiesta de la Semana Santa en Andalucía.
Fiesta religiosa. Con Vírgenes y cristos. Con gente rezando y con las ciudades volcadas con las procesiones.
¿Pero eso quiere decir que la gente acepte a la iglesia?
Evidentemente no.
La prueba clara hay que buscarla los domingos en las parroquias. Dense una vuelta por las principales iglesias de su ciudad cada Domingo y vean el número de personas que asisten a misa y la media de edad de estas.
¿Es representativo ese público de lo que es la Semana Santa? Ni mucho menos.
En esta línea parto en mi reflexión sobre el estado actual, vergonzoso y lamentable de la iglesia.
Me avergüenza que en este país se permitan posturas tan fascistas y homófobas como la de muchos obispos que aparecen cada dos por tres en los medios.
Me niego a seguir permitiendo que vengan a darnos lecciones aquellos que llevan décadas ocultando casos de abuso de menores o venta de niños en el seno de la iglesia.
¿Cómo se puede ser tan impresentable para hablar de la homosexualidad como una enfermedad nociva cuando no paran de salir casos de sacerdotes que han violado a niños durante años de manera ininterrumpida?
¿Enfermo yo o tú?
España debe ser madura y responsable a la hora de delimitar la capacidad de la iglesia en sus mensajes. Es evidente que España es un país con raíces cristianas. Es evidente e innegable que son muchas las personas que en algunos momentos tiran de un santo o una Virgen para pedir cualquier cosa pero… ¿Esa es la iglesia reflejada por la conferencia episcopal?
Estoy convencido que no.
España no es una sociedad rancia y machista. España no es una sociedad donde se compran y venden niños sin ningún tipo de impunidad. España no es una sociedad donde se de cobijo y se defienda y oculten crímenes y barbaries de abusos de menores durante años y años. España no es una sociedad en contra del preservativo. Ni en contra el aborto y sí a favor de la libertad. España no mira si estás casada o divorciada para aceptarte. Nuestro país no piensa que los homosexuales sean enfermos ni viciosos.
Basta. Basta ya que tengamos que aguantar las declaraciones repugnantes de obispos y responsables de la iglesia en España
Ni representan a los creyentes ni por supuesto a los españoles.
Y digo los españoles porque el gobierno del PP que actualmente manda en España está consiguiendo dar cobijo, cabida y palmadas en la espalda a la iglesia más ultraconservadora y agresiva.
La derecha más ultra no gobierna para todos. Solamente lo hace para aquéllos que se consideran superiores y desprecia a los demás.
Ya está bien de iglesia dañina e injusta amparada por el gobierno. Gobierno que debe ser nuestro y no suyo. Gobierno de valores fundamentales, no del amparo de homófobos, pederastas y roba niños. Ya está bien.
No es bueno generalizar. Es más. No generalizo puesto que, como dije al principio, puedo vivir aspectos culturales relacionados con la iglesia pero que bien lejos quedan de los valores lógicos de una civilización avanzada. De los valores verdaderamente cristianos mejor ni hablamos.
Ya está bien de atacar al diferente y angustiar conciencias. Limpien primero las suyas.
Actualizado (Lunes, 23 de Abril de 2012 17:28)
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